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Cuando un pingüino macho se enamora de un pingüino hembra, busca la piedra perfecta en toda la playa para regalársela. Cuando finalmente la encuentra, él se inclina y coloca la piedra justo frente a ella. Si ella toma la piedra, significa que acepta la propuesta. Exactamente así, Charly le propuso matrimonio a Paulina. Fabricó un camino de piedritas que había estado coleccionando de cada río, camino, viaje y playa que visitaron juntos a lo largo de toda su relación. Y cuando decidió que era el momento, le dió a escoger su preferida. Este hombre, romántico y soñador como es, sabía de muchos años atrás que Paulina era su esposa.

Su boda entera fue un reflejo de todo lo que se han inventado y soñado. De sus gustos, tradiciones y pensamientos. A quienes son ellos y a su amor. Pero más allá de compartirnos de qué están hechos, nos enseñan la belleza que hay en ritualizar nuestros quereres, en las partes de nuestra historia que parecen mínimas y que cobran una nueva vida, repleta de significado, cuando se lo otorgamos. Una piedra deja de ser una simple piedra, en un reloj ya no se ve la hora sino que se ven los recuerdos, las argollas se construyen a partir de misterios y la luz de una vela nos hace sentir en casa.

Eso son ellos, un compromiso construido en código con todo los instrumentos que les da su amor.

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